Sigo pensando en la tierra que una vez dejé.
Sigo buscando los sueños que una vez perdí.
Busco entre los recuerdos momentos en que fui feliz... y no entiendo por qué ahora me traen tristeza. Es una paradoja increíble: busco felicidad y consigo nostalgia. Siento que debí haber abrazado más, haber besado más, haber estado más. Pero ya nada puedo cambiar.
Me siento feliz por el sueño que vine a buscar. Logré mucho, mucho más que otros que no pudieron perseguir los suyos. Pero lejos de lo que se piensa, extraño todo lo que dejé. Vivo con momentos que jamás volveré a tener. Sueño con instantes que quisiera recuperar. Personas que no voy a volver a abrazar. El barrio donde corría y era feliz de niño. Mi primer amor. Mi último adiós. Tengo recuerdos que hieren como vidrios encajados en la piel.
Para los que piensan que emigrar es un sueño hecho realidad, debo decirles que pierdes mucho en el proceso. Parte de ti muere, y otra parte renace. Lo llaman crecimiento — o eso dicen — porque la verdad es que aunque mi mente quiere crecer, mi alma se siente niña todavía. No creo que pueda explicárselo al corazón... porque entre la razón y el corazón siempre hay diferencias.
Emigré a un país lleno de libertades y oportunidades, y agradezco profundamente lo que me ha dado. Pero no puedo dejar de sentir que una parte de mí se quedó del otro lado. Y que esa parte todavía me está esperando. Quisiera un día encontrarla, abrazarla y decirle: "Aquí estoy." Aunque no sé si va a pasar.
Han pasado tantos años y jamás he vuelto a ver la tierra que me vio nacer. Ojalá un día pueda verla libre de todo lo que quise escapar.
Y aunque este país me dio abrigo, me dio refugio — aquí me enamoré, lloré y reí — no dejo de sentirme emigrante en tierra extranjera. La amo, y daría lo que fuera por ella. Pero todavía siento el llamado del tambor... la gritería del vecino... el café de la mañana... y la risa de mi familia.
Tengo el alma dividida en varios pedazos: entre la realidad y los sueños, viviendo en el presente, pensando en el pasado, sintiéndome libre y al mismo tiempo prisionero.
Pero a pesar de la nostalgia — cuando llegan los recuerdos, entristezco y sonrío — porque recuerdo la intensidad con que vivía, como si no hubiera un mañana. Disfruté tanto el momento... que hoy no me arrepiento.
— Yohany > Creador del Movimiento A Tu Manera
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